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La sierra de Guadalajara tardará décadas en recuperar sus ecosistemas tras el incendio de La Mierla

Expertos en ecología advierten de que las 34.000 hectáreas quemadas requerirán intervenciones urgentes y un plan de recuperación a largo plazo para restaurar la biodiversidad.
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La sierra de Guadalajara tardará décadas en recuperar sus ecosistemas tras el incendio de La Mierla

Los ecosistemas de la sierra de Guadalajara necesitarán décadas para recuperarse del incendio de La Mierla, que arrasó 34.000 hectáreas durante julio de 2026. Así lo advierten expertos en ecología consultados por Henares al Día, quienes señalan que el fuego destruyó pinares de repoblación, turberas, pastizales amenazados y encinares, dejando graves secuelas sobre el medio ambiente y la fauna local.

Adrián Escudero Alcántara, catedrático de Ecología de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, explica que «buena parte del territorio afectado fueron matorrales, reforestaciones antiguas y bosques muy jóvenes» con alta acumulación de biomasa, lo que los hacía «muy proclives a arder». Los daños más significativos se concentraron en hábitats vulnerables como turberas y pastizales, algunos de ellos irrecuperables.

Pinares de repoblación: el combustible perfecto

Las repoblaciones de coníferas realizadas a mediados del siglo XX por el ICONA durante la dictadura franquista se convirtieron en el principal propagador de las llamas. Alberto Mayor, de Ecologistas en Acción, subraya que «las plantaciones de coníferas son pura pólvora en los incendios forestales» debido a sus resinas inflamables, piñas propagadoras y estructura monoespecífica.

Rodrigo García Vegas, técnico de Biodiversidad y Fauna de la asociación Micorriza, explica que «las plantaciones al estilo tradicional rompen la distribución heterogénea del bosque, generando extensiones homogéneas monoespecíficas y propiciando fuegos de mayor severidad». Gonzalo Rincón, técnico del programa de bosques de WWF, añade que «una floresta muy densa, coetánea, con continuidad horizontal y vertical, y mucha biomasa acumulada, permite que el fuego pase del sotobosque a las copas y se propague con gran intensidad».

Quercíneas y regeneración natural

Pese al daño, los especialistas confían en la capacidad de regeneración de encinares y rebollares (género Quercus), especies autóctonas con mayor resiliencia ante el fuego. «Los robles ya están brotando y verdeando algunas ramas de ejemplares quemados», relata Alberto Mayor. Los pinos también podrían recuperarse si las semillas sobrevivieron y germinan en primavera, siempre que haya aportes hídricos suficientes.

Rodrigo García Vegas destaca que «la vegetación autóctona está «acostumbrada» a convivir con el fuego y tiene estrategias más eficientes de recuperación». WWF apuesta por facilitar la regeneración natural antes de intervenir con plantaciones: «Primero hay que ver cómo respira el medio y observar cómo evoluciona», indica Gonzalo Rincón.

Fauna superviviente y medidas urgentes

Miles de animales, muchos de ellos protegidos, perecieron en las llamas o en los días posteriores por falta de alimento y refugio. Los supervivientes se concentran en «islas verdes no quemadas y fondos de valle», según García Vegas. WWF reclama identificar estos refugios y preservarlos de molestias y trabajos forestales innecesarios.

Micorriza pide una moratoria de actividad cinegética para permitir la recuperación de las poblaciones faunísticas. Grupos de voluntarios han llevado alimento a aves, mamíferos, reptiles y anfibios. Escudero Alcántara recomienda además facilitar puntos de agua para la biodiversidad, una medida beneficiosa incluso sin incendio.

Suelo, agua y erosión

El calor del incendio, que alcanzó más de 2.000 grados en algunos puntos, destruyó la biota del suelo, raíces y semillas. «Se ha perdido toda la vida animal subterránea, los microorganismos, las micorrizas… el nexo de unión entre los nutrientes, el agua y la vegetación exterior», explica Rodrigo García Vegas.

La pérdida de cobertura vegetal incrementa el riesgo de erosión y escorrentía superficial. Cenizas, sedimentos y materia carbonizada acabarán en los ríos, afectando la calidad del agua y los ecosistemas acuáticos. WWF advierte que las primeras actuaciones deberían frenar la escorrentía y proteger las captaciones hídricas.

Ecologistas en Acción propone construir fajinas y albarradas en las laderas utilizando material quemado. Micorriza insiste en que «las primeras decisiones han de enfocarse en la protección del suelo frente a la erosión, para evitar la pérdida del mismo y la contaminación de las aguas».

Cambio climático y prevención

El catedrático Adrián Escudero advierte que «el problema es el cambio climático, un tema de gobernanza global que exige valentía política y social». Las soluciones de gestión forestal preventiva tradicionales «servían para los incendios de antes, pero no para los de sexta generación», añade.

Entre las medidas propuestas figuran desbrozar de forma sistemática alrededor de núcleos habitados y formar a la ciudadanía para minimizar riesgos. WWF recomienda realizar un diagnóstico de severidad antes de decidir dónde plantar, priorizando la protección del suelo y el agua antes de las lluvias de otoño. «La prioridad es acompañar la regeneración natural y evitar las estructuras que hicieron vulnerable el paisaje en el pasado», concluye Gonzalo Rincón.